UN MIEDO FANTÁSTICO

Podemos perdonar fácilmente a un niño que tiene miedo de la oscuridad;

la verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz.
Platón.

Esta va a ser la primera entrada dedicada a las emociones en la literatura (de fantasía (épica)). Aunque en mi post inaugural ya comenté que las emociones iban a estar presentes en este blog, no está de más que te refresque la memoria. Las emociones juegan un papel muy importante en nuestra vida, yo diría que son nuestra vida, y la literatura, incluso la fantástica y la sci-fi, lo único que hacen es reflejar la vida y la realidad. Por lo tanto, las emociones deben tener un papel importantísimo en la literatura.


¿Qué dirías de unos personajes que apenas muestran emociones de ningún tipo? No me refiero a los personajes fríos, reservados y contenidos que apenas muestran lo que sienten. Incluso ellos están sintiendo algo. La indiferencia es un tipo de emoción. La frialdad es otra. Ambas son máscaras que se usan para esconder los verdaderos sentimientos. Yo me refiero a personajes planos, muertos. Obviamente pensarías que se ven falsos, sin vida, y no empatizarías con ellos. ¿Qué dirías si lees un libro y este no te despierta la más mínima emoción en tu interior? Si es así, tómate el pulso. ¿Notas los latidos? Bien, entonces el problema no es tuyo y la que esta muerta es la obra.


La literatura sin emoción no es más que un montón de palabras conectadas sin idea o intención; o peor aún, no es más que otro producto manufacturado con la única intención de que lo compres (y, por cierto, un producto chapucero). 

 


Temor, miedo y terror

 

 

El miedo. Una de las emociones más universales que existen. Puede existir controversia acerca de si los animales sienten felicidad, culpa o incluso placer, pero es indiscutible que sienten miedo. El miedo es un mecanismo evolutivo que busca mantenerlos con vida. Huir o luchar. Pero creo que todos conocemos de sobra qué es o cómo funciona el miedo. Damos por hecho que es una emoción negativa, aunque por lo que acabo de exponer ese punto de vista es muy discutible. El miedo es necesario y útil. Sí, también es una emoción de mierda que ninguno queremos sentir. Pero bueno, eso último es problema nuestro.


El miedo está, pues, muy presente en nuestra vida y en la literatura. Todos hemos leído algún libro en el que el protagonista tiene algún temor. De hecho, ¿hay algún libro en el que el protagonista no lo tenga? Me temo que lo hay. Se han publicado cosas terribles por ahí que hacen que el brazo robótico de una fábrica de coches tenga más emociones que sus protagonistas. Pero como la literatura imita a la propia realidad, lo normal es que los personajes, como nosotros los mortales, tengan miedos. Normalmente son estos los que le dificultan el obtener aquello que desean, pero en general no son decisivos o definitorios. El miedo vendría a ser un elemento más de los personajes, algo que les da mayor profundidad y los describe, pero no los define.


La literatura de terror, en cambio, se centra en el miedo como eje central.  Este tipo de literatura se basa en provocar ese mismo estado anímico en el lector. Es decir, todo se usa para provocar el miedo, la intranquilidad, la tensión o incluso el asco del lector. Si esto no se consigue, podríamos decir que el libro falla en su cometido. Aunque esto es siempre discutible, claro. Cualquier obra puede ser disfrutable incluso si eres lo suficientemente espabilado para verle las costuras y anticiparte al autor.


Pero ¿qué pasa cuando el miedo pasa a formar del esqueleto de una obra? Se convierte en su tema, o en uno de sus temas centrales, y la permea otorgándole cierta atmósfera. Es entonces cuando los personajes, incluso la misma trama, exploran esa emoción y esta se convierte en determinante para el devenir de la novela. Un buen ejemplo podría ser El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Aunque desarrolla otros muchos temas, el miedo está presente en la narración de una forma evidente.


Y, por supuesto, una obra puede pertenecer a uno o más de estos grupos. It, de Stephen King, no sólo es una novela del género de terror, sino que el miedo del grupo de amigos protagonista es el tema central de la misma. El libro habla de los miedos infantiles, personificados en el malvado Pennywise, en sus múltiples cambios de forma y el dominio que ejerce sobre ciertos habitantes del pueblo, y de cómo estos perviven hasta la edad adulta.

 

 

 Surprise, madafakas! Pennywise está aquí y tiene mejor sonrisa que tu dentista.

 

 

Viaje épico, miedo épico

 

 

Supongo que habrás oído hablar del archiconocido concepto del viaje del héroe, enunciado por Joseph Campbell. Es una estructura que siguen el 99% de las obras de fantasía épica y me atrevería a decir que el 95% de las restantes obras de literatura de ficción. No te escandalices, son números que me acabo de inventar, pero que supongo ciertos o aproximados. Esto es así porque el viaje del héroe no es tanto un viaje físico y externo, como un viaje espiritual y, por lo tanto, interno. En él, el héroe (o la heroína) realiza un viaje para cambiar el mundo a su alrededor, pero en realidad lo que está cambiando es su forma de verlo y, por supuesto, la forma de verse a sí mismo.


¿Cuáles son sus obstáculos? Aparte de los villanos y antagonistas varios (Saurons, mortífagos, matronas drows y demás), los verdaderos obstáculos estarán en su interior y son los que le impiden ver en su plenitud al propio mundo. ¿Qué era lo que le impedía a Bilbo, primero, y a Frodo, después, abandonar la Comarca y emprender una aventura que cambiaría el destino de la propia Tierra Media? El miedo, por supuesto. El miedo está íntimamente ligado a la naturaleza del héroe, por muy raro que resulte en principio la asociación. ¡Pero si es un héroe!, exclamarán algunos, los héroes, como los hombres, no deberían tener miedo, llorar, planchar y desde luego no deberían poner lavadoras. ¡Jamás! Bien, ese concepto de héroe no sólo está desfasado, sino que es aberrante. Recordemos, el viaje del héroe se produce tanto en el exterior como en el interior, y nadie puede evolucionar si no expresa sus emociones, sean las que sean.

 

 

 Y es que en los agujeros hobbit de la Comarca se vive mucho mejor que

en esos adosados de 30 metros cuadrados de Minas Tirith.

 


¿A qué le temen los héroes?

 

 

En el punto anterior hemos llegado a un consenso, los héroes, incluso aquellos caracterizados como sacos de músculos ciclados en el gimnasio de los bárbaros, tienen miedos. Conan le teme a lo sobrenatural, por ejemplo, aunque eso no le impide enfrentarse a demonios y dioses por igual. Logen Nuevededos, de la saga La Primera Ley de Joe Abercrombie, es otro bárbaro imponente, pero sabemos que bajo esa fachada se oculta un hombre lleno de temores y preocupaciones. De hecho, parte de la premisa inicial del viaje del héroe se fundamenta en su temor, y por tanto su resistencia, a abandonar la vida que conocen. Los cambios asustan, sí, incluso a los héroes de peloenpecho. Por barrer un poco para casa, Kirius, el protagonista de la obra en la que estoy trabajando, es atípico en el sentido de que está completamente dominado por sus miedos. Lleva tanto tiempo luchando contra lo que escucha y lo que siente, cosas que le han inculcado que son extrañas, poco adecuadas e irreales, que vive sumido en el miedo y la tristeza. Como ya imaginarás, gran parte del interés de la obra está en averiguar si va a ser capaz de sobreponerse a él y ver más allá de la venda que esas emociones han puesto ante sus ojos.

 

 

 ¿Miedo yo? ¡Cómo te pille te doy una ostia que se te hace de noche!

 


Es la lucha contra sus miedos lo que hace de ellos personas, y personajes, extraordinarios. Cuando se ven arrancados de la seguridad que hasta entonces han conocido comienza su lucha contra las fuerzas oscuras que lo amenazan, a él o a su comunidad… o por que no, a su paz de espíritu. En su interior, como ya hemos visto, tiene lugar una lucha aún más encarnizada. El miedo lo paraliza, le impide ver sus virtudes como ser humano y, desde luego, le obstaculiza el desarrollo de su faceta como salvador (o guía, o ejemplo) de su comunidad.


Normalmente eso implica una lucha contra una oscuridad interior. Todos tenemos nuestras partes oscuras que a menudo están en conflicto con nuestro “yo”. El héroe debe enfrentarse a ellas, a menudo empezando por el miedo, pues es este el que hace que una y otra vez evite mirar más adentro y sacar a la luz otras partes de él que desconocía o que negaba. Una vez hecho esto, deberá trabajar sus nuevas debilidades pero eso, amigos, es otra historia.

 

 

El valor, la risa, la determinación

 

 

El miedo se supera de una única manera, aunque se pueda llegar a ella por caminos diferentes. El simple y llano valor, que no es más que hacer algo a pesar del miedo que nos provoca, es la respuesta evidente, pero no la única. He leído libros donde el héroe, o algún personaje secundario, lo lograba riéndose de él. La risa es un mecanismo excelente para quitarle importancia a algo que sobredimensionamos en nuestra mente. También la fría determinación, en la que la tarea a realizar centra todos los esfuerzos y la atención del personaje. 

 

 

 Aquí un señor que combate su temor a base de carcajadas. Él ya no siente miedo alguno,

ahora el mal rollo se lo provoca a los demás.

 


En cualquier caso, para lograr superar el miedo de forma permanente y ganar la sabiduría que se le supone al héroe al final de su periplo, hay algo esencial y es que ese miedo debe ser asumido con todas sus consecuencias. Al final, la única manera de superarlo y cumplir con su destino es aceptarlo como propio, integrarlo como una emoción más de las muchas que nos hacen humanos y restarle el poder que le damos si intentamos reprimirlo o si permitimos que nos domine. En definitiva, usarlo como combustible emocional para poder seguir adelante y acometer otras tareas.


Sé de buena tinta que todo esto no es nada fácil de hacer. No obstante es necesario y cuando las cosas se deben hacer por narices, la tarea se vuelve más asequible. Y déjame decirte que nosotros, las personitas de a pie, deberíamos aprender de los héroes. Para algo son ejemplos a seguir.
 

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© 2018 - El Trastorno de Elaranne por Rubén H. Ernand