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Reflexiones, locuras y fantasías de un escritor. Pensamiento, memoria y quizás también algo de sabiduría.

  • Rubén H. Ernand

MICRORRELATO: ÁNGEL VENGADOR


Reto literario, retelling de Blancanieves.

La entrenaron durante siete días. No hicieron falta más. Blancanieves, tan pálida, carmesí y negra como la mismísima muerte, excedió todas sus previsiones. Era su obra maestra, un ángel vengador que acabaría con la causante de todos sus males: la Mekareina. El Profesor trazó el plan y el cerebro mecánico-cuántico de Blancanieves lo grabó a fuego.


Ella era la única creación que podían llamar hija. Le rogaron que tuviese cuidado y ella asintió, impasible. El pequeño Maníaco le mostró el espejo intercomunicador, derramando lágrimas de preocupación, y le aseguró que con él la verían y mantendrían el contacto. Ella tocó el extraño líquido que caía por sus mejillas, con extrañeza, y salió de la cabaña. Un chorro a propulsión salió de las toberas a su espalda y la joven brilló bajo el sol antes de desaparecer en el cielo.


Los siete lo vieron todo. Su pequeña avanzó como un cohete descontrolado, reventando a las naves voladoras y las libélulas-hélice que ellos mismos habían creado, engañados. Hasta llegar al Tildeburg, la fortaleza voladora de la mismísima Mekareina. Ella surgió desde el interior; una monstruosidad llena de pinzas y tentáculos de acero.


Las armas de Blancanieves apenas arañaban su coraza y su querida hija pronto perdió un brazo, arrancado de cuajo. Le pidieron, a través del espejo, que huyera, pero sus rojos labios sonrieron y activó una bomba EMP que le había robado a Metralla. La Mekareina y ella cayeron a plomo desde las alturas como dos estrellas, tan brillantes como efímeras.