• Por Rubén H. Ernand

BUSCANDO LA PRIMAVERA


Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia.

Robert Frost – El camino no elegido

Con esta entrada inauguro el blog de mi página de autor llamado Revelaciones de un Cuervo. He estado dándole vueltas durante días, pensando en cuál era el tema idóneo con el que empezar esta nueva andadura que es abrir mis pensamientos y reflexiones contigo, lector. Al final he decidido ser franco y exponer los motivos por el que me embarco en esta nueva aventura y adelantarte qué vas a encontrar en este blog durante las numerosas semanas, meses e incluso lustros que se mantenga abierto. De sueños también se vive.

Cómo decía, me gustaría ser franco contigo. Este blog se ha creado con la intención de que mi nombre te resulte conocido, no por un capricho narcisista que me haya surgido de repente, sino por pura necesidad y matemáticas. Los autores nóveles debemos destacar de entre la masa de escritores anónimos para poder sobrevivir en este mundo cruel y despiadado de la auto-publicación. Survival of the fittest. Si me hubieses preguntado hace cinco meses te habría jurado que jamás abriría un blog, pero el tiempo, como suele ocurrir a menudo, me ha quitado la razón. Lo cierto es que en tan breve lapso de tiempo he empezado a disfrutar con la idea de hacerme el sepukku (virtual, por supuesto, no tengo en tal alta estima mi honor) y mostrarte mis interioridades más íntimas.

Hola, soy un escritor novel y autopublicado. ¡La vida es maravillosa!

¿Qué esperar cuando no se está esperando?

Ehh, sí, ya he desvelado el gran secreto. Nadie hace nada gratis, nadie regala nada, todo el mundo busca su beneficio y detrás del telón siempre hay alguien que mueve los hilos. Al menos es así en la mayoría de los casos, pues siempre hay excepciones a cualquier norma. Y esto nos lleva a la primera de las cosas que puedes esperar de este blog, que no es otra cosa que sinceridad. Me gusta tratar a mis lectores como personas adultas y como a un igual, sin condescendencia ni artificios (más allá de aquellos que considere útiles para presentar una idea o un tema. ¡¡¡Dejadme ser creativo, por Odín!!!).

Bien, pues entonces, ¿qué puedes esperar de este blog? Para eso debemos retroceder hasta el título de esta entrada: Buscando a la primavera. Dicen que la primavera simboliza el renacimiento, la vida, la esperanza y la transformación. Mi norma anterior, la sinceridad, me impide aseguraros que vais a obtener todo eso en mi blog o en mis libros. Lo cual me lleva a pensar en que esa norma solo sirve para tirarme piedras en mi propio tejado y que en cuestiones de marketing soy un desastre. En cualquier caso, no soy tan pretencioso. Me conformo con hablar sobre cosas tan denostadas como las emociones y la superación. Y es que soy un firme creyente de que las historias, para ser buenas, creíbles e incluso inolvidables, deben tener alma. Y esa alma, esa vida propia, se le otorga principalmente por medio de las emociones que le genera al lector al leerla.

El tema de la superación daría para tratados enteros, pero basta decir que no me gusta plantear problemas sin sugerir alguna solución. Si hablamos de emociones, y en mi caso me gusta hablar de emociones negativas que son las que mejor he conocido a lo largo de mi vida, las más extendidas y las que más nos preocupan a todos, procuraré hablar también de formas de transformarlas en algo positivo. La oscuridad existe, y a veces no vemos otra cosa, pero hay que recordar que a cada noche le sigue un amanecer.

Tranquilos, no os voy a dar tanto la turra con la autoayuda como este señor.

Por supuesto, hablaré también, y mucho, sobre literatura, que es lo que me gusta, y concretamente de fantasía, que es lo que amo. Expondré mi punto de vista sobre diversos temas, os daré recomendaciones, reseñas y demás. Siempre desde la perspectiva de la búsqueda de la primavera que mencioné antes. Quiero hablarte de cosas que te emocionen, que te remuevan algo por dentro y te hagan reír, llorar o gritar. O si eres un tipo más bien impasible, como yo, que te hagan llorar sin lágrimas o reír sin carcajadas. Recuerda, si no te deja huella, si no te marca de alguna manera, si no te enseña algo o te desvela algún camino, puede ser entretenido, o incluso bueno, pero jamás será memorable. Es probable que hable de otras cosas, quizá de la ultima película que haya visto, del último videojuego al que haya jugado o de cualquier otro tema que siga un poco las normas anteriores. Si a mí me transmite algo, es probable que te lo cuente.

Y por último, pero no menos importante, hablaré de mis obras y mi literatura. Principalmente porque es lo que me apasiona y a lo que dedico más energías. Lo haré desde el punto de vista anterior: qué he experimentado, aprendido o sentido a lo largo del camino. Si he encontrado la primavera, o aún sigue esquivándome. Si la Llama ha guiado mi camino, o se ha desvanecido entre miles de estrellas iguales. Si te gusta la literatura (y más me vale asumir que así es, ya que estás leyendo esto), entonces espero que puedas aprender algo con las crónicas y vicisitudes de un escritor recién salido del horno. Y para los que sois escritores, aunque solo juntéis letras para vosotros mismos, os daré algunos consejos basados en mi experiencia. Cómo hice esto o aquello, qué he aprendido a lo largo de los años que llevo escribiendo, qué pienso de la experiencia de la autopublicación o de la realidad editorial hoy en día…

Vale, pero ¿cuándo empieza la diversión?

Me alegro de que me hagas esa pregunta. Ok, no, si te la estás haciendo es mala señal, la verdad. Solo puedo decirte que intentaré tratar todos los temas de la manera más amena posible. Me considero una persona seria y responsable, pero también tengo mucho sentido del humor. A veces es un tanto oscuro o irreverente, pero oye es humor y en la era de la ofendiditis me parece muy sano que cada uno se ría de lo que quiera y como quiera.

Como diría Vaelmir, uno de los personajes de La primavera ausente: El mundo ya es demasiado oscuro y deprimente para que yo contribuya más a ello. Por lo tanto, siempre que pueda intentaré seguir el consejo que da El Chojin (me refiero al rapero, no al monstruo tentacular de cierto manga de cuyo nombre no quiero acordarme) en una de sus canciones: Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites.

Bonus track. ¿Por qué escribo?

Llegados a este punto, y ya que ando metido en faena, empezaré con un minitema que viene muy a cuento con lo que he comentado antes. ¿Por qué me he lanzado a esta incierta, y a menudo agridulce, tarea que es la escritura? Sí, amigo lector, me temo que es una pregunta que hay que hacerse, casi por obligación, en la inauguración del blog de un escritor. No es una pregunta fácil de responder. Quizá sea que en el fondo tengo un punto de masoquismo, que lo mío sea seguir caminos poco trillados o vaya usted a saber.

Prosiguiendo con el tema del masoquismo, esta es mi silla de escritor. Es más incómoda de lo que parece.

Lo cierto es que hay personas que tienen en su interior el afán de crear, de comunicar, de enmendar aquello que perciben como incorrecto, aunque sea en un plano puramente teórico. Son personas con una sensibilidad agudizada que les provoca numerosos problemas en su vida; aquellos a los que a menudo les pegaban en el colegio o les hacían el vacío. Yo soy uno de ellos, y ahora puedo decirlo con orgullo. Los que tenemos esa naturaleza necesitamos exteriorizarla por medio del arte si no queremos que toda esa carga emocional acabe por ahogarnos, de una forma u otra. Y a través de nuestras creaciones nos vamos conociendo un poquito más a nosotros mismos.

En mi caso concreto, empecé a escribir a causa de los problemas de la adolescencia. Ya sabéis: ira indiscriminada contra el mundo, hormonas equipadas con óxido nitroso, desamores que te hacían creer que la vida se iba a volver monocroma, insatisfacción crónica, acné de tipo volcánico, etcétera. Todo ello aderezado por graves trastornos de ansiedad y ataques de pánico desde los 12 años. El sufrimiento crea arte, aunque fuese tan penoso y primitivo como el mío en aquellos años. Escribir era una fórmula de escape, una catarsis, una manera de entender por lo que estaba pasando. Pero claro, luego llegó la vida y se encargó de distraerme. Pasé muchos años sin tocar un lápiz (más bien un teclado, que no soy tan antiguo) o haciéndolo sin verdadera convicción ni compromiso.

Un día cualquiera en la vida de un adolescente. Me encanta el olor a optimismo por las mañanas.

Recientemente una serie de sucesos me llevaron a encontrar esa convicción y ese compromiso que me faltaban, imprescindibles para salirme del camino marcado y hollar el mío propio. De buscar esa primavera perdida. Así que, ¿por qué escribo? Por mí, porque es lo que he elegido hacer y porque, aunque soy consciente de que me queda muchísimo por aprender y mejorar, creo que puedo engranar historias que diviertan, conmuevan y enseñen algo a otros. Y si no lo consigo, por ahí tienes mi correo para que me pongas a caldo por ello. Te juro que lo intentaré con más ahínco hasta que lo logre.

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