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revelaciones de un cuervo

Reflexiones, locuras y fantasías de un escritor. Pensamiento, memoria y quizás también algo de sabiduría.

  • Foto del escritorRubén H. Ernand

relato de elaranne: algo aún peor



 

Azeef y el joven Inayan abandonaron la protección de sus mantos cubiertos de arena. La tormenta aún rugía tras ellos, pero Azeef solo tenía ojos para observar cómo una mancha dorada y púrpura, cambiante y etérea como la propia arena, se movía ante él. ¡Por fin! Era uno de los ashal dorados que solían acompañar a las tormentas del desierto. Su llave para convertirse en el alquimista más rico de toda Azoria.


Ordenó a Inayan que avanzara. El muchacho obedeció con desgana, atemorizado. Hasta los esclavos como él sabían de la letalidad del veneno del singular escorpión, pero temían más a sus amos. Inayan comenzó a tocar su cuenco cantador, arrancándole notas argentinas que parecerían crear vibraciones en el mismo aire.


Azeef sonrió al ver que el fantasmal escorpión se materializaba para dirigirse hacia Inayan con la cola enhiesta. Como él mismo había teorizado, la música lo atraía y le impedía desvanecerse. En cuanto aguijoneara al esclavo, lo capturaría en…


De pronto, Inayan salió huyendo mientras chillaba algo ininteligible. El ashal dorado se esfumó en la arena. Azeef maldijo al muchacho, aferrando su látigo, pero oyó un terrorífico siseo que lo obligó a volverse. Una figura sombría, modelada por la propia arena, permanecía allí. Sus despiadados ojos rojos como rubies estaban fijos en él.


Entonces Azeef entendió lo que había chillado Inayan antes de huir: aferith. Los espíritus malignos, como los ashal dorados, también viajaban en volandas de las tormentas del desierto y eran aún más letales que ellos.

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